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Exponen un documento de principios del XVI sobre la muerte de Felipe el Hermoso

El texto, original y fechado el 12 de octubre de 1506, está relacionado con el ceremonial y el protocolo asociado a la muerte del monarca Felipe I de Castilla

EL MUNDO. 22.09.2015

Un documento original fechado el 12 de octubre de 1506 y relacionado con el ceremonial y el protocolo asociado a la muerte de un monarca, se expone desde esta semana, y con motivo del fallecimiento de Felipe el Hermoso, en el Archivo Municipal de Málaga.El 29 de septiembre de 1506, desde Burgos, se anunció la muerte del rey Felipe I de Castilla a los dirigentes y súbditos malagueños y en este documento, además de explicar la pérdida, se pide a la ciudad de Málaga que haga las exequias al igual que se hicieron con ocasión del fallecimiento de la reina Isabel la Católica.Los inicios del siglo XVI fueron especialmente complicados para la monarquía española, que tuvo que afrontar el fallecimiento de varios de sus herederos al trono, según informa el Ayuntamiento de Málaga en un comunicado. Las honras fúnebres por los miembros reales constituían una de las partes más significativas del protocolo ceremonial de la monarquía hispana durante el Antiguo Régimen.

Honras funebres Felipe el Hermoso

Tras el fallecimiento, el ritual funerario se dividía en dos partes: una parte privada, que se celebraba en los días inmediatamente posteriores a la muerte; y otra parte pública, que no sólo se celebraban en la Corte, sino en todas las partes del Reino, y en las que participaban los gobernantes civiles, el sector eclesiástico y todos los súbditos.Solían realizarse al cabo de unas semanas o incluso, a veces, meses después del fallecimiento, dependiendo de la fecha en que se conociera la noticia, que no siempre llegaba de forma inmediata.Una vez la carta era recibida, correspondía a los gobernantes de cada lugar establecer todo lo concerniente a su organización, y era el cabildo municipal el responsable de que esto se realizara con el máximo boato posible, y con la colaboración de los dirigentes del clero.Los actos duraban por lo general dos días y en el primero, normalmente por la tarde, se solemnizaban las llamadas "vísperas de difuntos", mientras que al día siguiente se hacían las misas, que por lo general eran tres.La misa más solemne era la de "Réquiem", en la que se predicaba el sermón fúnebre en el que se elogiaban las virtudes y buen hacer del fallecido, y se colocaba el túmulo o simulacro de tumba.El presupuesto que suponía una celebración de estas características recaía en las arcas municipales de los respectivos concejos, que no siempre estaban en condiciones de asumirlos, pero aun así se esmeraban en cumplir las órdenes de la Corona.